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 \ Informe Anual \ Informe Anual 2002
INFORME DE LA
JUNTA INTERNACIONAL
DE FISCALIZACIóN
DE ESTUPEFACIENTES
CORRESPONDIENTE A 2002

E/INCB/2002/1

Informe de la JIFE de 2001

PUBLICACIóN DE LAS
NACIONES UNIDAS

Número de venta S.03.XI.1
ISBN 92-1-348078-4
ISSN 0257-3733

í ndice

Prefacio

Capítulo

  1. Las drogas ilícitas y el desarrollo económico (PDF)
    1. Beneficios a corto plazo de la producción y el tráfico ilícitos de drogas.
    2. Estimación del ingreso generado por la producción y el tráfico ilícitos de drogas

    3. La producción ilícita de drogas impide el crecimiento económico a largo plazo

    4. Desestabilización del Estado

    5. Desestabilización de la economía 

    6. Desestabilización de la sociedad civil 

    7. Consecuencias normativas 

    8. Conclusiones .

  2. Funcionamiento del sistema internacional de fiscalización de drogas (PDF)
    1. Adhesión a los tratados de fiscalización internacional de drogas
    2. Cooperación con los gobiernos
    3. Prevención de la desviación de sustancias hacia el tráfico ilícito
    4. Medidas de fiscalización
    5. Alcance de la fiscalización
    6. Medidas encaminadas a garantizar la disponibilidad de drogas para fines médicos
    7. Fiscalización del cannabis
    8. Medidas para garantizar la aplicación de la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes

  3. Análisis de la situación mundial (PDF)
    1. África
    2. América
      América Central y el Caribe
      América del Norte 
      América del Sur
    3. Asia
      Asia oriental y sudoriental 
      Asia Meridional 
      Asia occidental
    4. Europa
    5. Oceanía

Notas (PDF)

Anexos (PDF)

  1. Agrupaciones regionales utilizadas en el informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes correspondiente a 2002
  2. Composición actual de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes

 

NOTAS EXPLICATIVAS

En el presente informe se han empleado las siguientes abreviaturas:

 
ACCORD      Actividades cooperativas de la Asociación de 
Naciones del Asia Sudoriental y de China en
respuesta alas drogas peligrosas ASEAN Asociación de Naciones del Asia Sudoriental CCG Consejo de Cooperación de los Estados Árabes
del Golfo CEI Comunidad de Estados Independientes CICAD Comisión Interamericana para el Control del
Abuso de Drogas Europol Oficina Europea de Policía GAFISUD Grupo de Acción Financiera de Sudamérica contra el
Lavado de Activos GHB ácido gamma-hidroxibutírico Interpol Organización Internacional de Policía Criminal IPAA Alianza Internacional contra el
SIDA en África LSD dietilamida del ácido lisérgico MDMA metilenedioximetanfetamina MERCOSUR Mercado Común del Sur NDLEA Dirección Nacional de Represión del Uso Indebido
de Drogas de Nigeria NEPAD Nueva Alianza para el Desarrollo de África NIDA Instituto Nacional contra la Drogadicción
(Estados Unidos de América) OEA Organización de los Estados Americanos OMS Organización Mundial de la Salud ONUSIDA Programa Conjunto de las Naciones Unidas
sobre el VIH/SIDA OUA Organización de la Unidad Africana PIB producto interno bruto PMMA parametoximetilanfetamina PNUFID Programa de las Naciones Unidas para la
Fiscalización Internacional de Drogas SAARC Asociación del Asia Meridional para la
Cooperación Regional SADC Comunidad del África Meridional para el Desarrollo SECI Iniciativa de cooperación de Europa sudoriental SIDA síndrome de inmunodeficiencia adquirida SIMCI Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos
Ilícitos (Colombia) THC tetrahidrocannabinol VIH virus de inmunodeficiencia humana

Las denominaciones empleadas en esta publicación y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de la Secretaría de las Naciones Unidas, juicio alguno sobre la condición jurídica de ninguno de los países, territorios, ciudades o zonas citados o de sus autoridades, ni respecto de la delimitación de sus fronteras o límites.

Los nombres de los países y zonas son los que eran de uso oficial en el momento en que se reunieron los datos pertinentes.

Los datos comunicados después del 1.º de noviembre de 2002 no se pudieron tener en cuenta al preparar este informe.


 

Prefacio

El problema mundial de la droga se suele considerar, en principio, un problema de índole social. Eso es comprensible, ya que las consecuencias perniciosas a largo plazo del abuso crónico de drogas y sus repercusiones en el adicto, su familia, la comunidad y la sociedad resultan obvios. No obstante, hay otros aspectos del problema de la droga que son comunes en todo el mundo.

En el presente informe, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes examina las consecuencias económicas del cultivo ilícito destinado a la producción de drogas y del comercio de drogas ilícitas. La Junta ha centrado su examen de las repercusiones del comercio de drogas ilícitas en el desarrollo económico, que es esencial para el desarrollo sostenible y el desarrollo humano.

Del examen se desprende que el tráfico de drogas no contribuye al crecimiento económico ni a la prosperidad. Aun cuando el cultivo y la producción ilícitos exijan un volumen considerable de mano de obra, no generan mucho más empleo. A fines del decenio de 1980, únicamente el 3% de la población rural de Bolivia y el Perú se dedicaba a la producción ilícita de drogas. A fines del decenio de 1990, la situación era casi análoga en el Afganistán y en Colombia.

Los agricultores de los países en desarrollo que se dedican al cultivo clandestino ganan únicamente el equivalente al 1% de lo que en definitiva gastan los toxicómanos para alimentar sus hábitos. El 99% restante de los ingresos del tráfico mundial de drogas es percibido por los grupos de narcotraficantes que actúan en diversos puntos de la cadena. Así pues, la abrumadora mayoría de las ganancias devengadas por el tráfico ilícito de drogas son percibidas en los países en que se venden y consumen los productos finales, y no en los países en que se desarrolla el cultivo ilícito.

Del examen que figura en el presente informe se desprende que, en realidad, la producción ilícita de drogas impide el desarrollo económico a largo plazo. Las grandes ganancias que se obtienen con las drogas ilícitas dan lugar a un consumo suntuario, promueven la inflación, destruyen la capacidad de producción y generan un crecimiento económico negativo. Cuando el cultivo y el tráfico ilícitos pasan a constituir componentes considerables de la economía de un país, aumentan en él los delitos violentos y se ve comprometido el imperio de la ley. El surgimiento de una economía basada en las drogas ilícitas suele provocar la desestabilización del Estado y el debilitamiento del orden político por causa de la corrupción. Una economía basada en las drogas ilícitas distorsiona el clima de las inversiones y destruye la base necesaria para adoptar decisiones macroeconómicas acertadas. Aumenta la afluencia de ganancias ilícitas, lo que promueve la declinación del crecimiento económico y da lugar a la sobrevaluación de los tipos de cambio.

El Afganistán es un claro ejemplo de esto. El enorme aumento de la producción de opio a comienzos del decenio de 1990 sólo sirvió para exacerbar guerras civiles y acelerar la desestabilización del país. Es evidente que el comercio de drogas ilícitas no redundó en beneficio del desarrollo social y económico del país en general. Lo mismo ha sucedido en otros países. La Junta no ha encontrado indicio alguno de que la expansión de los cultivos ilícitos dé lugar al mejoramiento de ninguno de los indicadores más amplios de desarrollo a nivel nacional.

En consecuencia, es necesario que la comunidad internacional ofrezca asistencia en materia de fiscalización de drogas a los países en que proliferan las drogas ilícitas y no se dispone de suficientes recursos para luchar contra los problemas que éstas plantean. Esa asistencia también debería estar encaminada a promover el desarrollo económico.

En consonancia con su mandato, la Junta sigue al servicio de la comunidad internacional. Han surgido, no obstante, ciertas perturbaciones causadas por grupos que promueven la legalización de drogas o la despenalización de delitos relacionados con drogas y otros grupos que preconizan una cruzada centrada únicamente en la “minimización de daños” o la “reducción de daños”.

Contrariamente a todas las pruebas de que se dispone, esos grupos de presión han insistido en proclamar que hay formas seguras de abusar de las drogas. Los partidarios de la legalización persiguen sus objetivos mediante campañas agresivas y bien financiadas y con un celo de misioneros. Sus argumentos, sin embargo, no hacen honor a la verdad. La verdad es que no hay modos seguros de abusar de las drogas. La verdad es que el abuso de drogas crea problemas para los que abusan de ellas, para su entorno inmediato y, en última instancia, para la sociedad en su conjunto. La mayoría de las personas saben muy bien lo que sufre la familia de un toxicómano y que la toxicomanía puede dar lugar a la desintegración de las familias. Muchos son conscientes también de la pérdida de productividad que sufren las empresas cuyos empleados abusan de drogas.

Los gobiernos responsables no pueden hacer caso omiso del espectáculo que dan los drogadictos de aspecto descuidado en las esquinas y las estaciones ferroviarias, mendigando para financiar sus hábitos. Los Estados tienen la responsabilidad moral y jurídica de proteger a los toxicómanos de la autodestrucción. No deben ceder y permitir que los partidarios de la legalización ejerzan el control de la política nacional en materia de drogas. Los gobiernos no deben dejarse intimidar por una minoría que aboga por la legalización del uso de drogas ilícitas, sino que han de respetar la opinión de la mayoría de los ciudadanos respetuosos de la ley, que se oponen a que eso ocurra.

Las personas que promueven la legalización del uso de drogas ilícitas argumentan que los adictos no deben ver lesionados sus derechos básicos; sin embargo, no parece habérseles ocurrido que los propios adictos lesionan los derechos básicos de su familia y de la sociedad. Las familias y la sociedad también tienen derechos que se deben respetar y proteger.

La Junta sólo podrá cumplir cabalmente su labor, y su informe sólo quedará completo, si las autoridades nacionales de reglamentación y ejecución de las leyes le proporcionan información exacta y completa que le sirva de base para su análisis.

La Junta encomia a los Estados que han facilitado su tarea proporcionándole información completa y exacta en forma oportuna. En sus esfuerzos por servir mejor a la comunidad internacional, la Junta procura establecer una estrecha cooperación con todos los Estados.

Philip O. Emafo
Presidente de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes


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